jueves, 25 de agosto de 2016

¿Qué hacer cuando un cliente no paga?

Espero que no hayas tenido la mala suerte de que un cliente no te haya pagado, pero, lamentablemente, está a la orden del día y conviene saber qué hacer cuando esto ocurre.

En primer lugar: ¡que no cunda el pánico! La mayoría de los clientes pagarán, aunque se retrasen o incumplan los plazos pactados, ya que, si existe un encargo por escrito que has confirmado, entregado y facturado, tú tienes las de ganar y lo más normal es que la gente sea decente y legal, y pague (ya hablaremos otro día de plazos).

No obstante, puede ocurrirte que un cliente particular (estos son más difíciles de «cazar») o incluso una empresa con dudosa reputación o que no se tome en serio tu dedicación quiera hacerte la trece-catorce y es ahí cuando tienes que respirar hondo y tomar medidas.

Lo primero que debes saber es que el plazo legal conforme a la ley de morosidad para el pago a proveedores en el sector privado es de 60 días, así que al menos debes conceder 60 días a tu cliente. Soy consciente de que se firman acuerdos con empresas de incluso 90 días que, en teoría, incumplen la ley, pero si decides aceptar el plazo de 90 días u otro plazo superior, eso ya es otro tema y, en tal caso, estos consejos serían para cuando superes dicho plazo acordado.

Cuando hayas superado el plazo legal o el acordado si es superior, entonces yo te aconsejo que antes de tomar medidas legales, escribas cordialmente a tu cliente, ya que puede que se le haya olvidado o haya tenido un problema y es recomendable mantener las formas y dar un voto de confianza a la persona que trabaja contigo.

Si le avisas y reiteras el aviso un par de veces, pero sigue sin reaccionar, lo primero que debes hacer si tanto tú como el cliente os encontráis en España es enviarle un burofax, es decir, un requerimiento formal de pago en el que dejes constancia de la deuda, el motivo y le des un plazo para saldarla. Tienes que solicitar el envío del burofax con confirmación para que realmente te sirva como instrumento legal. Normalmente, puesto que se trata de un requerimiento formal que puedes usar en un juicio posterior, el cliente pagará. Asimismo, puedes indicarle que si no paga, estás en tu derecho de aplicar intereses sobre el importe pagadero por demora (revisa la ley de morosidad para que sepas los intereses que puedes aplicar).

Si siguiera sin pagar, podrías comenzar un procedimiento monitorio, que es gratuito si el importe que reclamas es inferior a 2000 euros. Para ello, tienes que acercarte al juzgado de primera instancia, solicitar un formulario, rellenar los datos relacionados con el impago, sacar tres copias del mismo y presentar las pruebas que tengas, entre ellas, el burofax, la factura, el intercambio de correos, etc. Cuando el juez admita la solicitud, dará un plazo de unos veinte días al moroso para pagar la deuda, si lo incumple, puede que decrete el embargo de sus cuentas para satisfacer el pago.

En el caso de que tu deudor no viva en España, también puedes iniciar un procedimiento monitorio (procedimiento monitorio europeo) en el juzgado de primera instancia, que también será gratuito hasta los 2000 euros. Sin embargo, el burofax  no es efectivo internacionalmente, así que tendrás que saltarte este paso y pasar directamente al procedimiento monitorio.

Parece todo muy complicado, pero existe un servicio de justicia gratuita en el juzgado si no superas esos 2000 euros donde pueden asesorarte y, con toda sinceridad, te digo que incluso aunque no consigas que te paguen, al menos sabrás que no te has quedado de brazos cruzados y el cliente se llevará un tirón de orejas.

Esto es muy general, pero espero que te valga para entender los pasos a seguir. Si la deuda es superior a 2000 euros, el procedimiento no es gratuito, pero puede realizarse igualmente si no supera los 30 000 euros. En el caso de que la deuda supere los 30 000 (madre mía), necesitarás a un abogado.


¡Ánimo y que no te toque convertirte en el cobrador del frac!

miércoles, 13 de julio de 2016

Otra vez este texto horrible…

Ya he hablado varias veces del tema de la especialización y de que siempre recomiendo a los estudiantes que se especialicen en una determinada área porque el que mucho abarca poco aprieta y ayer precisamente estuvimos hablando de este tema en TransCreat, sobre si realmente es factible que un traductor solo se dedique a un campo específico o si al final estamos condenados a saber un poco de muchas cosas pero realmente no mucho de nada.

Es un tema peliagudo porque, a menudo, aunque queremos dirigir nuestro futuro hacia un determinado objetivo, el mundo que nos rodea se empeña en ponernos obstáculos o pruebas por el camino. Es decir, con frecuencia, si quieres vivir bien de la traducción, no puedes descartar temas más generales u otras especialidades que no te gusten tanto. El problema derivado es que a veces te ves aceptando textos que personalmente no te dicen nada o que no te disgustan, pero tampoco son lo que soñabas cuando pensabas en lo que querías hacer cuando fueras traductor y cuando llegan los que de verdad te gustan o los temas con los que realmente te sientes cómodo, no tienes capacidad para aceptarlos.


No sabría decir cuál es la mejor opción: si solo aceptar lo que quieres hacer o si conformarte para al menos alcanzar un buen sueldo a final de mes. Cualquiera de las dos opciones tienen sus pros y contras. No obstante, lo ideal sería llegar a un punto medio. Creo realmente que traducimos mejor si lo que traducimos nos gusta, si nos hace felices y, si traducimos mejor, generamos más confianza entre nuestros clientes. Por tanto, sí, invito a que tratemos de marcarnos un objetivo en un ámbito específico y luchemos por lograrlo, aunque eso no implique que descartemos aprender otras cosas por el camino por si las moscas o por si encontramos algo que sorprendentemente nos guste más o se nos dé mejor.


¿Cómo podemos lograr esto? Me imagino que lo primero es asentarnos, crecer como traductores y tener una fuente de ingresos constante y, para ello, hay que tener paciencia. Cuando hayamos conseguido esto, podremos priorizar entre lo que nos gusta más y lo que no nos gusta tanto, pero durante ese camino, no hay que dejar de intentarlo, hay que buscar clientes del área que queremos, hay que fortalecer nuestra red de contactos tanto dentro de esa área como en otras y seguirnos formando en aquello que nos guste para que cuando llegue, podamos realmente vivir de ello sin necesidad de tener que recurrir a otras fuentes de ingresos o simplemente delegando lo que no nos hace felices. Al fin y al cabo, sobre gustos, no hay nada escrito y siempre habrá alguien al que le entusiasme el tipo de texto que a ti no te hace ni fu ni fa. Para eso, está la red de contactos porque, al fin y al cabo, unidos los traductores somos más felices y más fuertes.


martes, 14 de junio de 2016

Fun4All – 4ª edición

La semana pasada, el 9 y 10 de junio, Clara y yo asistimos al Fun for All: IV Conferencia internacional sobre traducción de videojuegos y accesibilidad que tuvo lugar en la Residencia de investigadores de la calle Hospital en Barcelona.

Como en las anteriores entregas, fue todo un éxito y participó gente de todas partes que de algún modo formaban parte del sector de los videojuegos aunque la mayoría fuéramos traductores.

Una de las principales conclusiones que extraje es que la localización de videojuegos es un área multidisciplinar y, por tanto, abre cientos de vías de investigación, pero también de trabajo. Se trata de una especialidad muy creativa, pero también compleja en la que se requiere que seamos informáticos, escritores, humoristas, investigadores, científicos, artistas y en muchos casos malabaristas. Me parece una profesión alucinante y me encanta encontrarme con caras nuevas en el mundillo y con estudiantes llenos de ilusión.

Me parece importante destacar el uso de los videojuegos en otras áreas como la didáctica y me resultó muy interesante la idea de «gamificar» o «jugabilizar» incluso el trabajo en la oficina. Poco a poco, los videojuegos están pasando de ser un pasatiempo aislado a convertirse en una realidad constante en muchas facetas de nuestras vidas. Por ello, creo que es un mundo con muchas posibilidades que nosotros los traductores o los que preferimos ser transcreadores deberíamos explorar, ya sea por medio de nuevas investigaciones o a través de innovaciones o mejoras en nuestra forma de trabajar.

Además de todo lo aprendido, conocí a gente muy interesante y volví a ver a viejos conocidos, así que fue todo un placer, además de que esta vez fui bien acompañada de mi compi Clara y disfrutamos mucho de la cena y de la compañía.



Quiero aprovechar esta publicación para darle las gracias a Carme: como siempre, lo organizaste todo de maravilla. Ahora ya solo nos quedan dos añitos de espera para el siguiente Fun for All.


martes, 10 de mayo de 2016

TransCreat visita la UAM

La semana pasada visité las aulas en las que yo misma había tomado mil apuntes para hablar a los alumnos de Traducción e Interpretación de la Universidad Autónoma de Madrid de las opciones que tienen cuando acaben la carrera, la importancia de especializarse y cómo convertirse en traductor autónomo.

La verdad es que creo que este tipo de charlas resultan muy constructivas para los estudiantes,  ya que a menudo en la universidad nos perdemos en la teoría y obviamos la práctica de las profesiones. Me siento muy agradecida y contenta de que Esther Vázquez y del Árbol, que fue también mi profesora y que sigue al pie del cañón, me invitara a hablar de mi experiencia.

En mi opinión, sería, en realidad, muy interesante para los estudiantes tener una asignatura o unas jornadas en las que aprendieran los aspectos más prácticos de la profesión: cómo calcular sus tarifas, cómo buscar clientes, cómo organizarse, cómo hacer una factura y llevar un control de los ingresos y gastos, y los recursos que tienen a su disposición. Sé que generalmente (al menos así fue cuando yo estudié) tienen una asignatura sobre documentación, pero la documentación no deja de ser tan solo una parte de nuestro trabajo.

Por otro lado, me sorprendió gratamente el uso de ordenadores en las aulas y que se les permita usar Internet en los exámenes, ya que, de esta forma, se simula un encargo real. No tenía ningún sentido que los estudiantes cargaran con 10 diccionarios en una maleta y no contaran con el recurso más usual: Internet.

No obstante, hubo algo que me disgustó. En mi época, aprendimos a usar Trados y daba por hecho que con el gran desarrollo de la tecnología, las nuevas generaciones serían unos cracks a la hora de usar el programa. Sin embargo, me contaron que ya no se lo enseñaban en el aula por motivos de licencias/decisiones de profesores. Me parece inadmisible, incluso aunque les muestren otras herramientas, ya que Trados es una herramienta imprescindible para nuestro trabajo. Es como aprender a ser albañil y no saber lo que es un ladrillo.

Creo que aún quedan bastantes pasos por dar para que las carreras sean un reflejo de las profesiones a las que abren paso y me alegro de que haya profesores como Esther que se involucren tanto para que esto sea en algún momento posible.



viernes, 1 de abril de 2016

TransCreat da la bienvenida a Enrique al equipo

Durante estos días, hemos estado lanzando indirectas en Facebook, pero ya ha llegado la hora de hacerlo oficial. ¡Hoy TransCreat da la bienvenida a un nuevo miembro!

¿Quién era el chico misterioso obsesionado con los usos del subjuntivo que comía pencas al estilo Cantalejo y que prefería irse de viaje sin saber el destino?  

La respuesta al enigma es: ¡Enrique Serrano!

A partir de hoy, 1 de abril, ya no seremos solo Clara y yo sino que Enrique Serrano, licenciado en Traducción e Interpretación en la UVa y con un Máster de Español como Lengua Extranjera en la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, participará en nuestras aventuras. La verdad es que aunque Clara y yo nos complementemos muy bien, el triángulo de TransCreat se había quedado sin uno de sus vértices y teníamos muchas ganas de volver a ser tres.

Con la incorporación de Enrique, Quique para los amigos, TransCreat abre, además, las puertas de su escuela. Enrique lleva años trabajando como traductor y como profesor de español. En 2010 fundó su anterior empresa Calle Rosetta que dio paso a su vez a la escuela de español Plaza Rosetta. Ahora Plaza Rosetta pasa a ser nuestra Escuela TransCreat donde Quique seguirá impartiendo clases de español a todos aquellos extranjeros que quieran aprender la lengua castellana.

Para rematar, hoy estrenamos también oficina. Hasta ahora estábamos en un centro de coworking llamado Colabora y situado en la Plaza de Santo Domingo, donde hemos pasado un año y medio estupendo, pero hoy nos trasladamos a nuestro propio despacho también en la Plaza Santo Domingo, en la calle Silva.

Por tanto, hoy TransCreat comienza una nueva fase de la que estamos seguros que disfrutaremos mucho y sacaremos el máximo provecho.


¡Bienvenido, Quique!

viernes, 11 de marzo de 2016

«Reciclarse» o quedarse fuera de la partida

Como Clara y yo colaboramos cada vez más con otros traductores y revisamos bastantes textos, he observado cada vez más que hay traductores que se quedan anclados en lo que aprendieron en el pasado y se niegan o se emperran en no cambiar sus costumbres. Yo estoy de acuerdo en que una traducción conlleva un trabajo de documentación y que debemos defender nuestro trabajo cuando estamos seguros o convencidos de las decisiones que hemos tomado, pero no estoy de acuerdo en que nos cerremos en banda a recibir críticas cuando esas críticas tienen razón de ser.

Me refiero principalmente a asuntos gramaticales. Nos hemos encontrado con bastantes traductores que se niegan a quitar la tilde al «solo», que siguen acentuando los pronombres demostrativos o que, por vicio o costumbre, usan estructuras que no son propias del castellano sino calcos de los idiomas de los que traducen, por ejemplo, poner una coma tras el saludo inicial en una carta, poner los días de la semana en mayúscula, separar los prefijos de los lexemas, separar con comas las subordinadas o saltarse el signo de interrogación o exclamación inicial. Puede que esto os sorprenda, pero ocurre con mucha más frecuencia de lo que creéis. Quizás algunos de estos fallos no ocurren dentro de las traducciones, pero sí en los correos electrónicos que envían y esto, señores, da muy mala impresión si proviene de una persona que se dedica o pretende dedicarse a escribir en nuestro idioma. Lo peor de todo es que si se lo dices, tratan de escudarse en argumentos de que si la RAE blabla y la RAE no sé qué. En efecto, la RAE cambia normas o simplemente aclara o recomienda ciertos usos que podemos poner en duda, pero la RAE es y, de momento, seguirá siendo una autoridad en el ámbito del idioma y, por tanto, un traductor que quiera ser competente debe conocer esos cambios en las normas o recomendaciones de esta autoridad, ya que es una forma casi irrefutable de defender su trabajo.


Lo que quiero decir con todo esto es que el idioma cambia, evoluciona y, con él, sus normas, sus estructuras, su uso y los traductores tenemos la obligación de estar al día y conocer estos cambios, evoluciones, normas, estructuras o usos y reconocer nuestros vicios y problemas para tratarlos de resolver, ya que o nos «reciclamos» o nos quedamos fuera de la partida.


viernes, 29 de enero de 2016

Respeto por las profesiones

Sé que no es la primera vez que hablo de esto, pero es que ayer el artículo de VICE sobre la traductora de una seriede novelitas de STAR WARS fue la gota que colmó el vaso.

Personas del mundo: tenéis que tener mucho cuidado con lo que decís tanto en las redes sociales como en los otros medios de comunicación e incluso cara a cara a vuestros amigos y colegas, ya que a menudo hablamos muy a la ligera de las profesiones de los demás sin darnos cuenta de que la gente vive y da de comer a sus hijos mediante esos trabajos que criticamos, que para algunos son una mera afición o de los que carecemos de conocimiento, pero, sin embargo, nos atrevemos a opinar o incluso a participar en ellos.

En el caso de la traducción, me imagino que muchos habréis oído este tipo de comentarios:

  1. «Como sé inglés, en mi trabajo me han puesto a traducir cosas. Igual debería echar mi currículo en una empresa de traducción, ya que me paso el día haciendo esto en vez de mis tareas habituales».
  2. «Como he vivido un tiempo en Alemania, he pensado en traducir en mis ratos libres para ganarme unas pelas extra».
  3. «¿Me puedes hacer esta traducción? Realmente, podría hacerla yo mismo pero he pensado que igual queda mejor si la haces tú. Por eso de que te dedicas a ello, más que nada».
  4. «Ah, ¿qué traduces en tu lengua materna? Entonces eso es muy fácil, yo pensaba que lo hacías al inglés o al alemán».
  5. Te paso este texto que he traducido yo con la ayuda de Google y ya de ahí haces una revisión, así no tengo que pagarte tanto. Está fenomenal, palabra de honor.
  6. «No me gusta, no tengo ni idea del tema ni pienso documentarme sobre él, pero se me dan bien los idiomas y tenía un amigo que trabajaba en esa empresa, así que me han dado a mí la traducción. Por cierto, soy periodista y prefiero trabajar para Gran Hermano que dedicarme a traducir libros de Star Wars».


Estas serían mis respuestas (y, en algunos casos, lo han sido) para estos comentarios:

  1. En vez de echar tu currículo a una empresa de traducción por el mero hecho de que tu empresa te haya puesto a traducir unos documentos, ¿no deberías proponer a tu empresa que contraten los servicios de un traductor profesional? ¿No sería más lucrativo para tu empresa que tú te dedicaras a tu tarea y los profesionales de la traducción a la suya?
  2. Amiga o amigo, la traducción no es un trabajo para ganarse unas pelas extras porque sepas un idioma y decidas sacarle provecho. La traducción es una profesión que la ejercen profesionales que se han licenciado en Traducción e Interpretación o que se han especializado mediante un Máster en algún tipo de traducción y que están hartos de que «aficionados» decidan tirar por la borda los esfuerzos que ellos han hecho durante años para ganarse un dinerillo extra. Nosotros no ganamos dinerillo, sino: sueldos.
  3. Le estás diciendo un profesional que su trabajo lo puedes hacer tú. ¿No puedes ahorrarte ese comentario tan desafortunado? ¿No te das cuenta de que le estás diciendo a esa persona que sabes tanto como ella sin tener ni idea de los principios de su trabajo?
  4.  Persona que se cree bilingüe y que debe tener una fluidez alucinante en el otro idioma: ¿no te das cuenta de que cuando lees un texto no quieres que el texto tenga errores gramaticales, ortográficos o sintácticos y que esperas que las construcciones sean fluidas, se usen expresiones idiomáticas y recursos literarios que capten tu atención? ¿Realmente crees que todo el mundo sabe hacer eso en su idioma materno? Imagínate ahora en un idioma que no es el tuyo.
  5. Sin comentarios: cuando nos dicen a nosotras algo así, a veces ni contestamos. Si a un traductor automático no lo entrenas bien (y se necesita mucho esfuerzo y tiempo para entrenarlo y que dé resultados positivos), la traducción que produce tiene una calidad tan ínfima que el traductor tarda más tiempo en descifrar lo que pone que en traducir el texto desde cero.
  6. Ese comentario es un resumen de lo que dijo la traductora de los libros de Star Wars en la entrevista. Con esos comentarios, dijo al mundo que había traducido una serie de libros sin documentarse previamente y lo dijo como si eso fuera algo normal y habitual. La documentación es esencial en nuestro trabajo. No creo que los aficionados de Star Wars o los expertos de cualquier área se queden contentos con un texto en el que no se hayan respetado la terminología ni el estilo. Con esos comentarios parece que cualquiera puede traducir cualquier cosa y nada más lejos de la realidad.


Se acabó mi indignación por hoy, espero que esta publicación nos sirva para reflexionar en la necesidad de mostrar un respeto hacia las profesiones de los demás.